El monstruo que hay en ti.

El no saber quién soy, enferma.
julio 9, 2019

Las novelas, los guiones cinematográficos y los personajes de series con increíbles diálogos, parecen ser sólo el resultado de mentes creativas manifestadas con puño y letra.

Lo enigmático de esta idea, es que no es así. Por ello digo que parecen ser “sólo” el resultado de destellos creativos, de neuronas que juegan a vivir otras vidas como la poesía de Sabina. Pero en realidad, más allá de esos callejones obscuros con pisadas a lo lejos, de las sombras humanoides acechando en las esquinas o de esa mirada obsesiva en la ranura del closet entreabierto, más allá de esas quimeras, los monstruos que en éstas habitan, son tan comunes en nuestras calles y a plena luz del día, que su existencia en la fantasía son en ocasiones inspiración del mundo real. Y lo más escalofriante es saber que ese monstruo está en nosotros, está en ti.

La novela de Robert Louis Stevenson, El Extraño Caso del Dr. Jekyll y el Señor Hyde (1886), si bien relata la historia de un científico que al tomarse una poción se convierte en el obscuro y asesino Edward Hyde, algunos estudiosos relacionan la metamorfosis de esta historia con trastornos psiquiátricos como el disociativo de la identidad. Yo, que disfruté mucho este libro, por el contrario pienso o me gusta interpretar que ese ser obscuro que nace del Dr. Jekyll es la manifestación del “falso yo”, de ese ego o “imaginario” con el cual todos crecemos y que durante nuestra vida nos transforma para lastimarnos y violentar, si vivimos dormidos.

El gran truco del “falso yo” es hacernos creer que somos él o ella o que ella o él somos nosotros. Como en la novela del irlandés Oscar Wilde, El Retrato de Dorian Gray (1890), en la cual el joven y hermoso protagonista ve reflejado a su “imaginario” en el lienzo que para él, pinta Basil Hallward o por lo menos es mi interpretación más allá de la clásica lectura de relacionar a la monstruosa transformación del óleo con las consecuencias pecaminosas de los excesos. Para mí, Dorian Gray sucumbe en su ego (siendo la vanidad una de las consecuencias) para acabar con la vida de otros empezando por la propia. Gran novela.

Y en el Hombre Duplicado del escritor José Saramago, a diferencia de los libros mencionados arriba, se presenta una trama menos obscura pero también impactante: una mañana te levantas y mientras te diriges al trabajo te topas con un individuo exactamente igual que tú. Así vivimos cuando no estamos en nosotros. Vivimos con alguien que creemos ser para así manipularnos y atacarnos a través de nuestros miedos. Es el “falso yo”.

Toda esta violencia que vivimos en nuestros días sólo se justifica por ser parte de nuestra evolución, porque juega ese espejo donde reflejamos temores por carencias profundas no resueltas. Y debemos vernos en él para reflexionar. Saber que el ambiente de crimen en el que vivimos y sus consecuencias no es la única violencia que experimentamos como sociedad, siendo nosotros los que contribuimos a ésta si permitimos que el “falso yo” nos controle como Mr. Hyde al Dr. Jekyll.

En las redes sociales, en los chats de familiares y amigos, en los cafés, las expresiones de violencia son cada vez más comunes. Y lo irónico de esto es que igual se comparten pensamientos “bonitos” de amistad y de amor que descalificaciones vehementes a gobiernos y a políticos, seguido de unas mentadas de madre para aquellos que no comparten nuestra crítica al Estado o apoyan al político criticado. ¡Cuánta incongruencia! Pero recuerda, no eres tú, es el ego.

No necesitamos de los hechos del crimen para vivir en violencia. Si seguimos dormidos, si permitimos al ego, al “falso yo”, dominar a nuestro verdadero ser, a nuestro Yo, estaremos destruyéndonos por dentro como el óleo de Dorian Gray; lastimándonos, envenenándonos, enfermándonos. De nosotros hacia nosotros.

El Yo es nuestro verdadero ser, el ser en conciencia. Y sí y sólo sí podemos liberarnos de ese “falso yo” que nos controla y nos convierte igualmente en “monstruos” si vivimos con la plena observación de nosotros mismos y diferenciándonos del Ello, que es todo aquello que nos rodea y de lo que no tenemos control. De lo que sí tenemos control es de nuestros pensamientos cuando sabemos dominarlos y elegir sólo aquellos que son útiles. Ergo, estar conscientes.

Dominar al “falso yo”, a ese monstruo imaginario que se alimenta de nuestros miedos y por lo tanto de la ignorancia que tenemos sobre nuestro ser, es posible. Basta con conocer el código con el cual hemos construido a la persona que somos. Y como todo código, una vez que se conoce abre la puerta. La puerta de la paz interior y de la plenitud. Toma la decisión, conócete. Sé en ti.

FA.