El no saber quién soy, enferma.

La raíz del miedo.
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El monstruo que hay en ti.
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A partir del siglo XX sobre todo después de la Gran Guerra, las grandes familias de poderosos apellidos se pusieron de acuerdo. No necesariamente alrededor de una mesa y con una taza de té (o quizás sí), pero coincidieron en la idea de controlar para poder, poder. Tuvieron la visión de orquestar una gran maquinaria de control y producción a través de espejismos moralistas e impulsando el hambre por aspirar al “buen vivir” (el “american dream”) incentivando con artículos innecesarios y con un estilo de vida hollywoodense que llenaron enormes y viejos vacíos (y que a su vez, además, fueron provocando otros).

Al concluir la Segunda Guerra Mundial, esta intención de organizar al hombre y a la mujer para ser una fuerza laboral inmensa al servicio de la Banca, el Estado y la Iglesia, se fue sofisticando. La comunidad humana empezó a ser “aleccionada” desde las aulas con modelos educativos cuadrados y rígidos para funcionar como calculadoras de carne y hueso. Generaciones incluida la mía fueron cultivadas como alfalfas mientras los adultos en fábricas, oficinas y despachos particulares hacían lo propio; “generar” para “proveer” y con ello por supuesto, mantener aceitada a la maquinaria capitalista.

El modelo se apoyó (y se sigue apoyando) en los sistemas educativos convencionales a nivel mundial. Desde los pizarrones colgados en las aulas una línea discursiva alimentó (y aún lo hace aunque de manera menos evidente) la instrucción de que el ser humano “nace, crece, se reproduce y muere” y ya. Mensaje recibido por décadas en este espacio físico en donde pasamos gran parte del día además de casa. Hoy, la misma dinámica ocupa una tercera vía de apoyo: el celular, que es desde donde me estás leyendo. How creepy.

Los despachos de publicidad encargados de reforzarnos que aquí sólo se venía a comer, cagar y coger y que tu vida debía estar entonces compuesta de meras sensaciones y “estados de ánimo”, empezaron a crecer desde Nueva York y Londres dando forma a una nueva élite denominada “mad men” (por las grandes agencias ubicadas en la Avenida Madison de la “gran manzana” y como un juego de palabras refiriéndose a los “hombres locos o desquiciados”) que dominó el escenario propagandístico más que publicitario, instruyendo desde la televisión, la radio, el cine y ahora por medio de las plataformas digitales. Atención.

Este modelo educativo, ya sea desde el Estado, la Iglesia y los corporativos, nos llenó de conocimientos generales, de información y procesos para una vida social “en armonía”, dejando el conocimiento más importante a un lado: el conocimiento sobre uno mismo.

Muchos sabemos vida y obra de mujeres y hombres ilustres de México como Sor Juana y Benito Juárez, pero ignoramos por completo el porqué de nuestra personalidad, el porqué de nuestras reacciones emocionales; ignoramos nuestra propia vida y obra. Nuestras capacidades y talentos. ¿Qué somos? ¿Quiénes somos? ¿Quién soy?

Y si bien el modelo óptimo para “vivir mejor” (con cosas y mejor tecnología que debe pagarse más por estatus que por practicidad) ha ido exigiendo más horas de trabajo y menos paga, la ignorancia sobre nosotros mismos (auspiciada por este mismo modelo) nos llevó a lo que Eckhart Tolle llama “la enfermedad del siglo XXI”, el “estrés”. Algo tan real como  imaginario, qué paradoja. Real porque se siente y se somatiza, imaginario por no hay tal, no existe en abstracto. Es sólo la obstrucción sobre el acceso a nuestra propia biografía íntima y del saber de qué estamos hechos y cómo estamos ensamblados incluso genéticamente.

El estrés es miedo. La ansiedad es miedo. Y el miedo es el efecto de esta ignorancia sobre nosotros, la ausencia del conocimiento sobre nuestra persona, tu persona, mi persona. Hemos sido sobrevivientes de nuestra historia de vida, hemos estado sin estar, transitado sin avanzar, aprendido sin saber. Hemos “sentido” sin amar.

Pero hay un despertar. Filósofos clásicos y modernos lo han dicho y lo dicen. Libros, canciones e incluso películas se han incorporado con mensajes a este lado de la luz: “Fear is the path to the dark side. Fear leads to anger. Anger leads to hate. Hate leads to suffering”. Palabras del maestro Yoda del filme Star Wars (“El miedo es el camino al lado oscuro. El miedo te lleva al enojo. El enojo te lleva al odio. El odio te lleva al sufrimiento”).

¿Cuántos seres humanos se odian, recriminan y se exigen por quimeras? ¿Cuántos dicen amar cuando no logran amarse a sí mismos? ¿Amor o apego? ¿Estrés o ignorancia? ¿Ansiedad o falta de paz interna? ¿Cómo se logra? ¿Cómo se alcanza? La respuesta es: queriendo. Queriendo saber, aprender el código sobre nosotros mismos. Entendiéndonos, entendiéndote. Descifrándonos. Cada uno, cada quien. Es posible. Existen los modelos que logran llegar a esa plenitud a través del conocimiento individual, personal, interno.

La oportunidad de acercarse a esa luz al final del túnel siempre eres tú porque tú, eres esa misma luz. Siempre.

FA.