La raíz del miedo.

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El miedo a lo desconocido es una emoción que el hombre experimenta desde su origen. En ocasiones lo paraliza y en otras, lo impulsa a la aventura para develar el misterio como una suerte de reacción y dominarlo: los grupos nómadas, los navegantes aventureros como Colón o Chancellor en el Ártico son ejemplos en la historia de esta condición y estimulación del ser humano.

Tenemos la aflicción a lo que no conocemos pero también a aquello que no queremos experimentar y esta segunda angustia, la de no querer vivir o enfrentar algo, es muy común en nosotros y nos provoca reacciones incluso somáticas hasta ponernos “la piel de gallina”.

¿Y qué pasa cuando ambas emociones se juntan? El temor a lo desconocido y el temor a experimentar una idea o un escenario contrario a nuestros deseos. En su expresión más alta y también más primigenia, por ejemplo, lo vivimos o lo “sufrimos” cuando pensamos en la muerte: porque ignoramos lo que pasa después de que ésta llega y porque, debido a distintos apegos personales, es algo que no queremos experimentar.

Estoy hablando de dos sentimientos de angustia que además de convivir cuando pensamos en la muerte, también son compañeros de butaca en el escenario de la vida cotidiana.

Cuando deciden ponerse de acuerdo, provocan en nosotros un verdadero sabotaje que viaja de lo mental a lo físico para dejarnos “en blanco”, ponernos rojos o “paralizarnos”. Perdemos por completo el control de nosotros mismos dejándonos a la deriva: “¡Mayday, Mayday, Mayday!”.

Por ello, el miedo es la raíz de la timidez. Es lo que nos frena para entra a un evento social solos, sin compañía. Alcanzar a una amiga a una fiesta, buscar nuestra mesa en una boda, preguntar a nuestros clientes sobre la atención que recibieron, prospectar para una venta. Todo esto, el temor a lo desconocido, al equívoco, a la pifia y pensar que todo saldrá distinto a como lo hemos imaginado, es la razón de esa vergüenza que nos detiene. Y si pedirle a algún extraño una referencia en la calle, una dirección o la hora nos da pena, ¡de dar un discurso frente a un púbico de 20 personas ni hablamos!

Superar la timidez es una tarea que requiere de información y de práctica. Es posible, pero debemos de empezar por identificar el origen de ese miedo que nos “paraliza” en público o nos pone a sudar frío. Y ya hablamos arriba que lo que desconocemos, lo que ignoramos suele provocarnos una aflicción, una angustia. ¿Qué pasa cuando lo que desconocemos, lo que ignoramos, es a nosotros mismos? Identificarnos y reconocernos son pasos sólidos para superar el miedo. El miedo a hablar en público y el miedo a la muerte.

¿Estás dispuesta, estás dispuesto, a superar tu timidez? ¿Qué tanto ignoras sobre ti?

Compárteme tus pensamientos sobre esto.

FA