­Durmiendo con el enemigo.

La raíz del miedo.
junio 28, 2019

Les quiero compartir esta idea que lleva días en mi cabeza. Se crea a partir de los momentos que vivimos no sólo en México sino en el resto del planeta.

Literal, desde los Estados Unidos de Norteamérica hasta Argentina; en España, Alemania e Inglaterra. En China y en Australia, existe un ambiente inquieto. Ha despertado una polarización entre los ciudadanos que, bajo el argumento de la defensa de las ideologías políticas o de quién debe ser el mandatario o presidenta correctos inundan las redes con descalificaciones e insultos que no van dirigidos hacia terceros o hacia los líderes políticos en cuestión, sino hacia nosotros mismos; compañeros de trabajo, amigos, familia.

Lo preocupante es no poder distinguir de dónde viene ese fuego interno, ese impulso violento, esa ciega exaltación. Yo te lo voy a compartir. Viene del miedo.

Y este ambiente ríspido entre nosotros se vive cada vez más cerca. En las áreas de trabajo, en las calles, mientras conducimos el automóvil y “el imbécil de enfrente se nos mete sin marcar la direccional” o peor aún, que pidiéndonos el paso se lo negamos acelerando y pensando: “ni madres, primero yo”.

¿Esto debe seguir? ¿Seremos capaces de reaccionar a tiempo, distinguir el origen de estos miedos y parar antes de que sea demasiado tarde?

Podemos iniciar con una ruta crítica que parta del pensamiento y sentimiento violento o negativo hasta su origen: “¿Por qué lo detesto? ¿Por qué reacciono así ante este tema? ¿Qué es lo que realmente me aflige?

Por ejemplo, una reacción común sobre todo en América Latina y más en México es la de menospreciar el éxito de los demás. En cuanto escuchamos que a alguien le va muy bien en su profesión, trabajo o negocio sentimos una punzada en el estómago, ¿la has sentido? Inmediatamente alguien desenvaina (quizá tú) para acertar con un filoso comentario y echar por tierra cualquier crédito o reconocimiento al exitoso o exitosa en cuestión. Y si se trata de alguien a quien quieres mucho, a quien amas; un amigo, un familiar o incluso tu pareja, te sientes mal. Porque reconoces el gozo, una legítima felicidad por su logro pero al mismo tiempo te reprochas esa punzada en el estómago, ese sentimiento negativo que no es otra cosa que angustia. Un verdadero conflicto de emociones.

Entonces atención (y esto es solo un ejemplo de cómo identificar sentimientos negativos), no es que realmente odies a la persona que ha sido reconocida en la cena con los amigos. No es que sientas envidia o egoísmo por los alcances profesionales o comerciales de tu cuñada, de tu primo o de tu mejor amigo. No. Tranqui. Lo que sientes es miedo.

El origen de ese malestar que generalmente es identificado como envidia es miedo. Y es ahí en donde tienes que trabajar, no necesariamente para evitar esos comentarios viperinos frente a todos (bueno sí, te ves muy mal) sino para primero, dejar de lastimarte internamente y dos, para poner “manos a la obra” porque tu miedo es al fracaso. Tu temor es a una consciente mediocridad en lo que haces profesional o laboralmente.

Ese malestar, esa “envidia” por el éxito ajeno y más por el éxito de cercanos es tu miedo a no vivirlo, a no alcanzarlo o de todavía no tenerlo. Es tu realidad de creerte poco, de no hacer el esfuerzo que se requiere para acabar de impulsar esa idea comercial o empresarial, de terminar tu carrera universitaria o de ser más proactivo en tu profesión. No estás dando tu 100 por ciento y lo sabes. No estás enfocado. No te has marcado la meta del éxito que sí, anhelas pero que no haces absolutamente nada por alcanzarla. Ése es tu tema. Ése es tu miedo. Y se dispara en esa reacción que otros y que tú mismo ven como envidia. Y no es así.

El identificar el origen de nuestras emociones negativas nos permite sanarnos desde nuestro interior y evitar sobre todo enfermedades. Nos permite trabajar en consecuencia para cerrar esos círculos, esos periodos y avanzar en nuestros planes para el futuro presente, ver consolidadas nuestras grandes ideas y proyectos. Si tu angustia es al fracaso profesional o comercial, ergo, económico, entonces haz algo al respecto. Paso a paso. Y si te sientes estancado pregúntate, ¿por qué? ¡No duermas con el enemigo, enfréntalo!

Si tu bajo rendimiento en el trabajo o la postergación de un proyecto personal es por un cansancio o pereza inusuales, entonces probablemente estés viviendo en depresión y necesites de ayuda profesional. Lo que te quiero decir con esto es que debes de ayudarte a identificar el origen de lo que te aqueja. Decía al principio de este post, marca la “ruta crítica”, como si se tratara de un mapa de tu interior: “Me siento mal por el éxito de mi mejor amigo, ¿por qué? Porque no he dado los pasos correctos y concretos para alcanzar el mío, ¡ah! ¡Eureka! Pero, ¿por qué? Porque me siento cansado, desmotivado, porque me siento poco preparado…”.

Hay soluciones que están en nuestras manos de forma directa y algunas que necesitan de ayuda profesional. Pero en ambos casos ese primer paso depende sólo de nosotros. Depende de ti. El ocuparnos para transformar nuestras vidas de manera constructiva, de manera positiva, está exclusivamente en nosotros. Está en ti. Reconocer que necesitamos ayuda y que podemos salir a buscarla es enfrentar a nuestro propio dragón. Uno que parece inquebrantable pero que se esfuma una vez que tomamos la decisión consciente de avanzar.

Otra sensación inquietante que suele paralizarnos es aquella que provoca la timidez. La timidez como patrón de conducta, propio de un rasgo de personalidad o aquella que se dispara como sensación en ciertos casos específicos, detonantes.

Bueno, la timidez, también es miedo y como en el ejemplo anterior puede rastrearse y puede superarse. Pero de esto, hasta nuestro próximo encuentro y por favor, no dejen de opinar es valiosísimo para mí y para conocernos más. Hasta el próximo lunes.

FA.